10/11/09

Mate para dos

Mientras tus dedos caminan sobre mi espalda y tus ojos comienzan a cerrarse de mis labios brota inadvertida una sonrisa tímida que me envuelve como la brisa nocturna que corre sobre el mar.
Te dejo tocarme hasta que se me viene la necesidad imperiosa de sentirte con mis propias manos. Giro sobre mi espalda revolcandome sobre tus brazos que ahora esperan impacientes su turno. Te rodeo todo con mi cuerpo, te aprieto porque te siento entero, te vuelvo a apretar contra mis pechos que hace días huelen a vos. Nos rodeamos con brazos y piernas y sexos.

Mis dedos buscan desesperadamente tu sexo, corren sobre tu costado, llegan al centro, bajan, toman tu sexo que se dispone sabroso al tacto. Entonces vos sentís la necesidad imperiosa de sentirme con tus propias manos, así tus dedos se pierden en la humedad de mi sexo, suaves y cálidos. Las caricias crecen, se inflaman, nos aturden de placer y llegamos y explotamos, nos miramos, sonreimos y vuelvo a mi posición original.

Tus manos sobre mi espalda un instante, tus brazos que comienzan a acomodarse rodeandome entera. Tu sexo cansado se reposa sobre mis blandas nalgas. Mis manos que apenas se mueven te acarician como un último suspiro hasta que nos dormimos.

Otro día que empieza, un mate cebado en la cama me roba un beso con sonrisas.
Mate para dos que dice te quiero.